El bueno, el malo... y el banco
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El bueno, el malo... y el banco

El Big Data como aliado para mejorar la información que permita evaluar y comparar a los clientes

Autores: Rafael Valls (Economista y Consultor) y Juan Antonio Aliaga (Administrador Civil del Estado*)

 

*Las opiniones vertidas lo son a título exclusivamente personal.

Vamos a tratar de dar un paso más hacia la transparencia, la competencia, hacia el futuro. Cuántas veces hemos oído eso de “usted no sabe con quién está hablando” y nos hemos preguntado: “¿quién será éste con el que estamos hablando?

 

Pues bien, ya es momento de desenmascarar a los malos y poner en valor a los buenos. Cada día se hace más necesario que todos sepamos con quién estamos hablando para que cada uno se haga cargo de su comportamiento, que bastante tenemos ya con lo nuestro como para tener que hacernos cargo de lo de los demás.

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Introducción

 

Cuando un banco fija las condiciones de sus préstamos lo hace en base a su prima de riesgo, es decir, a mayor prima de riesgo mayores precios que sean capaces de absorber la morosidad. Pues ya está bien de que los buenos soporten la morosidad de los malos, ¿no os parece? Y de paso, que sepan con quién están hablando.

 

En un negocio como el financiero, hiperregulado donde los haya, es necesario que los riesgos sean asumidos con la mayor información disponible, de manera que dejemos a la casualidad aquellos acontecimientos que no puedan ser predichos.

Para eso contamos con datos y medios capaces de hacer que las primas de riesgo se acerquen mucho más a la realidad de cada operación y que cada uno pague lo que le corresponde. Porque ser buen pagador tiene un precio y no podemos admitir que entre todos paguemos los platos rotos del que, de antemano, no está dispuesto a pagar. El crédito debe ser cobrado en función del perfil de riesgo del deudor.

 

Dicho todo esto es cierto que actualmente contamos con información de aquellos que han incumplido sus compromisos de pago y entran a formar parte de ficheros negativos de crédito. Pero en los tiempos que corren se hacen insuficientes, tanto por la parte de la información negativa que contienen (ya que no incluyen retrasos previos a la entrada en mora), ni incluyen todos los incumplimientos. Uno está o no está incluido en ellos.

 

Pero, al igual que se estigmatiza al que deja de pagar una factura de la luz, del teléfono o la cuota del préstamo personal, ¿por qué no se enaltece al que hace frente a los pagos en tiempo y forma? Y no es una cuestión de hacerlo por eliminación, el que no está en la lista es bueno, no.

Buen pagador vs Deudor

 

Habría que valorar adecuadamente al que cumple y al que no cumple, que en esto ultimo tampoco todos son iguales. Y es que esto de la ley de protección de datos parece más un invento hecho para proteger al que tiene algo que ocultar que para mantener la confidencialidad del que quiere que no se viole su intimidad.

 

Por eso debemos replantearnos aquellas normas que permiten estas asimetrías ya que, tal como están planteadas, solo sirven para favorecer al malo, al tramposo, ocultando nuestras bondades y no permitiendo ni la transparencia ni la competencia favoreciendo prácticas perversas.

 

Si la entidad financiera con la que trabajamos mantiene celosamente “protegida” nuestra información, hace que nos convirtamos en clientes cautivos, ya que estaremos en desventaja cada vez que acudamos al mercado en busca de nuevas operaciones o mejores condiciones para las actuales y será nuestra entidad la que tendrá la última palabra para igualar la oferta en base a que cuenta con más y mejor información que el resto. Esto ya lo venimos viviendo hace tiempo con las hipotecas o con los operadores de telefonía móvil por poner ejemplos de otros mercados.

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Se trata, en definitiva, de evitar lo que se suele llamar “mutualización de pérdidas”: esa práctica (nefasta e injusta) de compensar las pérdidas de los malos clientes, los morosos, con los beneficios de los buenos pagadores. Es la política del café para todos que desincentiva al prestamista a perfeccionar sus sistemas de evaluación del riesgo de crédito, el riesgo de que el deudor deje de pagar, el riesgo de impago.

 

En lugar de contar con sistemas certeros de estimación del riesgo de impago, resulta más cómodo y barato para algunas entidades prestamistas elevar el precio (el tipo de interés) de forma generalizada, de manera que el buen pagador compense, con su sobreprecio, las pérdidas derivadas de quienes no pagan.

 

A cambio, la entidad prestamista se ahorra montar todo un sistema preciso para estimar mejor el riesgo de crédito y asignar precios más ajustados a cada préstamo: el buen pagador tendría un tipo de interés mucho mejor que el mal pagador; algo bastante lógico que coloca a cada uno en su sitio con justicia y pone los incentivos donde deben estar, es decir, en el cumplimiento y el pago.

 

Pero demos un paso más: ¿qué es necesario para que las entidades prestamistas puedan establecer sistemas precisos de estimación del riesgo de impago de cada potencial cliente? Necesitan contar con datos, con el historial crediticio de quienes deseen pedir un préstamo.

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Bureau positivo de crédito

 

¿Qué está ocurriendo ahora? La falta de bases de datos positivas de solvencia (Bureau positivo de crédito) otorga una ventaja competitiva importante a las grandes entidades; cuanto más grande y más clientes posea la entidad prestamista mejores análisis pueden hacerse y más certera será la estimación del riesgo. Al contrario, la ausencia de datos disponibles para la evaluación de la solvencia constituye una barrera de entrada cada vez mayor a otros prestamistas y elimina la competencia.Y lo hace cada vez con más intensidad (y más preocupación).

 

Desde la perspectiva de nuevas entidades prestamistas que deseen entrar en el negocio de los préstamos, no disponer de datos del historial de pagos de un cliente constituye una importante barrera de entrada que conduce inevitablemente a: (i) construir modelos de evaluación de la solvencia deficientes por falta de datos y -consecuencia de ello- a (ii) acabar mutualizando el riesgo de crédito entre TODOS los clientes, buenos y malos, lo que eleva el tipo de interés.

 

Tienen a su disposición un Big Data que con las herramientas tecnológicas de última generación que les permiten relacionar mejor los datos, no sólo los de un cliente, sino los de todos ellos entre sí, buscar patrones de comportamiento y segmentar de forma milimétrica grupos de clientes en función de sus perfiles de riego. El gap entre entidades que poseen muchos datos y los nuevos players nunca ha sido mayor que ahora.

De todo lo anterior parece lógico concluir que favorecer la creación de proveedores de información positiva sobre pagos es algo necesario. El papel que estos proveedores, los llamados bureaus positivos de crédito, pueden jugar contribuye decisivamente a la transparencia y la competencia (i) mejorando los sistemas internos de cálculo del riesgo de las entidades y (ii) abaratando el coste del préstamo para el buen pagador.

 

Ahora bien, como obtener más datos de una persona física supone una cierta injerencia en la privacidad, es necesario que el tratamiento y la eventual cesión de esos datos personales se realice con las garantías establecidas por la normativa de protección de datos personales.

Regulación de la Protección de Datos

 

Veamos lo que ocurre en materia regulatoria en este punto, el Reglamento (UE) 2016/679, del Parlamento Europeo y del Consejo del 27 de abril relativo a la protección de las personas físicas en lo que respecta al tratamiento de datos personales y a la libre circulación de estos datos amplía (artículo 6.1) los supuestos de tratamiento de datos personales.

 

De una regulación nacional muy restrictiva del tratamiento (y la cesión, como forma de tratamiento) de datos personales, que requería de forma casi sistemática el consentimiento del titular del dato, se ha pasado a una clara ampliación de los supuestos de tratamiento.

 

Ahora es posible realizar el tratamiento lícito de datos cuando sea necesario para el cumplimiento de una obligación legal y cuando el objetivo sea satisfacer un interés público o incluso un interés legítimo perseguido por el responsable del tratamiento. Habrá que ir viendo cómo la Agencia Española de Protección de Datos y los órganos judiciales van configurando este derecho en los próximos años.

El contexto jurídico ha evolucionado, como se ve. Esta ampliación de los supuestos de tratamiento facilita la adopción de normas que permitan el desarrollo de modelos de negocio que vayan más allá de las bases de datos negativas, de los tradicionales registros de morosos, y se orienten al suministro de datos positivos de los potenciales clientes a los prestamistas.

 

El escenario regulatorio también ha cambiado en el ámbito de los pagos, con la transposición en Europa de la Directiva PSD2. Esta regulación abre los datos de los bancos, como proveedores de servicios de pago, a terceros e impulsa el denominado open banking, que permite la aparición de nuevas empresas prestadoras de servicios financieros entre el banco que da el soporte a la cuenta de pago y el cliente titular de esa cuenta.

 

La presencia de estas nuevas empresas (iniciadores de pago o agregadores de datos) es posible por la obligación del banco de darles acceso on-line a los datos de las cuentas de pago, siempre que el cliente se lo permita. El efecto indirecto de esta nueva regulación potenciará el flujo de datos positivos de clientes entre entidades reguladas, algo que empuja en el mismo sentido que las bases de datos de crédito positivas.

 

¿Qué puede aportar una regulación específica sobre bases de datos positivas de solvencia? El papel de la regulación es importante. En este punto, una norma específica aumentaría el grado de seguridad jurídica y -aunque no sea estrictamente necesario- reforzaría la presencia de un interés legítimo en el tratamiento de los datos para esta finalidad: evaluar debidamente la solvencia de una persona y ajustar mejor el precio del préstamo.

 

¿Qué ocurrirá previsiblemente en los próximos años?

 

No hay prácticamente ningún país de nuestro entorno en el que la regulación consagre un monopolio legal de base de datos positiva de solvencia. Por ello, no parece necesario establecer la obligación legal de aportar o compartir datos; basta con reconocer explícitamente el interés legítimo.

 

Esto llevará a que la regulación que pueda producirse en este ámbito parta de una situación de mercado, de competencia entre empresas privadas que elaboren y canalicen esta información positiva de pagos hacia los grandes actores tradicionales (los bancos) y, especialmente, hacia nuevos entrantes en el ecosistema de la concesión de préstamos.

 

Al tiempo, la necesidad de multiplicar el análisis de los datos del cliente constituye otro driver clave en la promoción de las bases de datos de crédito positivo. Las normas sectoriales reguladoras del crédito inmobiliario y del crédito al consumo aumentan la intensidad con la que los prestamistas deben contar con la mejor información posible para su análisis de solvencia, que deben realizar necesariamente.

 

Contar con un amplio historial y afinar la evaluación de solvencia del cliente viene ya impuesto en el crédito inmobiliario y del crédito al consumo, en el futuro próximo, cuando se revise la correspondiente Directiva a lo largo de 2020. Por ahí irá la cosa…

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Rafael Valls
rafael-valls@loquenosoncuentas.es